(del libro “Reflexiones para los gerentes” de Bruce Hyland y Merle Yost)
A diferencia de un papel familiar o de una amistad, el papel de gerente no
es natural. Usted no siempre les
agradará a los demás ni será popular y con frecuencia eso no es divertido.
Les dejo estas preguntas para que las piensen y compartimos
opiniones.
¿Con qué frecuencia tiene usted que preguntarse en qué forma reaccionará
alguien con quien sostiene una relación personal a una decisión de negocios?
¿Usted y sus empleados saben con claridad cuál es su relación de trabajo y
personal en la oficina?
¿Cómo se sintió y reaccionó usted antes en su carrera, cuando un jefe
renunció a su papel de gerente en favor de un papel social?
Cuando usted es el gerente, su relación con las personas es
artificial. Con los amigos y la familia,
ustedes quieren estar juntos y así lo deciden.
En la relación administrativa, se ven obligados a estar juntos y eso no
les agrada a todos. A menudo significa
tomar decisiones con las que no están de acuerdo los demás.
Algunos gerentes tratan de que la relación con sus empleados sea social. Aunque inherentemente eso no es bueno ni
malo, sí puede complicar la operación. Las
relaciones sociales con los empleados sólo funcionan cuando se mantienen
separadas por completo, sin relacionarse con el enfoque principal. Si usted alguna vez duda en tomar una buena
decisión de negocios porque podría dañar su relación personal con un empleado,
entonces ha cruzado la línea.
Usted
tiene el papel administrativo porque lo eligieron para obtener resultados, no
porque haya ganado un certamen de popularidad.
La relación se basa en la lógica, no en la emoción. Cualquier otra cosa es una bonificación
adicional.
Un caso
Leonor
se desempeñaba en el área de admisiones y registros en una institución
académica pública (subsidiada por el Gobierno Estatal). En un momento fue promovida a la gerencia
porque conocía bien su trabajo y sabía tratar a las personas.
Cuando llegó a la gerencia, quería agradarles a todos. Dado que había “ascendido desde el nivel de
empleada”, tenía amistad con muchos empleados y no quería que pensaran que el
puesto se le había subido a la cabeza.
Pronto se vio asediada por ciertos empleados que querían que hiciera las
cosas a su manera (de ellos, los empleados).
Cada vez le eran más difícil hacer determinadas asignaciones, en
especial cuando tenía que reducir la fuerza laboral. También empezó a oir rumores de que algunos
miembros de su personal pensaban que favorecía a sus viejos amigos con las
mejores tareas y puestos.
Leonor valoraba su amistad con esas personas, pero sentía que estaban
comprometiendo su efectividad y su libertad de tomar decisiones. Decidió realizar una reunión con todo el
personal y “poner las cartas sobre la mesa”.
Expresó: “ser gerente requiere que me aleje hasta cierto punto de mis
relaciones personales”, luego también les dijo: “valoro mi amistad con muchos
de ustedes, sin embargo deben entender que lo más importante es un trato igual
para todos. La amistad jamás podrá ser
la base de mis decisiones, así que les pido que no la usen para presionarme al
tomarlas. También les pido su comprensión
y su apoyo cuando deba tomar una decisión con la que tal vez ustedes no estarán
de acuerdo”.
Esto
dejó a Leonor en libertad de actuar como gerente y de interactuar de una manera
auténtica con su personal. Por irónico
que a algunos de ustedes les parezca, mantuvo varias amistades que seguramente,
si hubiese dejado las cosas como estaban, habrían podido resultar seriamente
dañadas.
Les invito a regresar a las preguntas al
inicio de este escrito y modificar o reafirmar las respuestas que habían
contemplado.
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