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jueves, 4 de junio de 2015

(del libro “Reflexiones para los gerentes” de Bruce Hyland y Merle Yost)

  A diferencia de un papel familiar o de una amistad, el papel de gerente no es natural.  Usted no siempre les agradará a los demás ni será popular y con frecuencia eso no es divertido.

Les dejo estas preguntas para que las piensen y compartimos opiniones.

¿Con qué frecuencia tiene usted que preguntarse en qué forma reaccionará alguien con quien sostiene una relación personal a una decisión de negocios?
¿Usted y sus empleados saben con claridad cuál es su relación de trabajo y personal en la oficina?
¿Cómo se sintió y reaccionó usted antes en su carrera, cuando un jefe renunció a su papel de gerente en favor de un papel social?

  Cuando usted es el gerente, su relación con las personas es artificial.  Con los amigos y la familia, ustedes quieren estar juntos y así lo deciden.  En la relación administrativa, se ven obligados a estar juntos y eso no les agrada a todos.  A menudo significa tomar decisiones con las que no están de acuerdo los demás.

  Algunos gerentes tratan de que la relación con sus empleados sea social.  Aunque inherentemente eso no es bueno ni malo, sí puede complicar la operación.  Las relaciones sociales con los empleados sólo funcionan cuando se mantienen separadas por completo, sin relacionarse con el enfoque principal.  Si usted alguna vez duda en tomar una buena decisión de negocios porque podría dañar su relación personal con un empleado, entonces ha cruzado la línea.

  Usted tiene el papel administrativo porque lo eligieron para obtener resultados, no porque haya ganado un certamen de popularidad.  La relación se basa en la lógica, no en la emoción.  Cualquier otra cosa es una bonificación adicional.

Un caso
  Leonor se desempeñaba en el área de admisiones y registros en una institución académica pública (subsidiada por el Gobierno Estatal).  En un momento fue promovida a la gerencia porque conocía bien su trabajo y sabía tratar a las personas.

  Cuando llegó a la gerencia, quería agradarles a todos.  Dado que había “ascendido desde el nivel de empleada”, tenía amistad con muchos empleados y no quería que pensaran que el puesto se le había subido a la cabeza.

  Pronto se vio asediada por ciertos empleados que querían que hiciera las cosas a su manera (de ellos, los empleados).  Cada vez le eran más difícil hacer determinadas asignaciones, en especial cuando tenía que reducir la fuerza laboral.  También empezó a oir rumores de que algunos miembros de su personal pensaban que favorecía a sus viejos amigos con las mejores tareas y puestos.

  Leonor valoraba su amistad con esas personas, pero sentía que estaban comprometiendo su efectividad y su libertad de tomar decisiones.  Decidió realizar una reunión con todo el personal y “poner las cartas sobre la mesa”.  Expresó: “ser gerente requiere que me aleje hasta cierto punto de mis relaciones personales”, luego también les dijo: “valoro mi amistad con muchos de ustedes, sin embargo deben entender que lo más importante es un trato igual para todos.  La amistad jamás podrá ser la base de mis decisiones, así que les pido que no la usen para presionarme al tomarlas.  También les pido su comprensión y su apoyo cuando deba tomar una decisión con la que tal vez ustedes no estarán de acuerdo”.

  Esto dejó a Leonor en libertad de actuar como gerente y de interactuar de una manera auténtica con su personal.  Por irónico que a algunos de ustedes les parezca, mantuvo varias amistades que seguramente, si hubiese dejado las cosas como estaban, habrían podido resultar seriamente dañadas.



Les invito a regresar a las preguntas al inicio de este escrito y modificar o reafirmar las respuestas que habían contemplado.